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Un jurado concluye que Arm incumplió su licencia de arquitectura con Qualcomm, pero fija daños de solo 2 dólares

El veredicto del 13 de octubre en Delaware dio la razón a Qualcomm en dos reclamaciones y a Arm en otras cuatro. Contexto, argumentos de cada parte y qué sigue en la disputa por los núcleos Oryon.

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Edificio de oficinas de Qualcomm en San Diego con el logotipo de la empresa en lo alto
Foto: Coolcaesar (CC BY-SA 4.0)

Un jurado federal de Delaware cerró el 13 de octubre el segundo juicio entre Arm y Qualcomm con un resultado que ambas empresas presentan como una victoria: según comunicados de Qualcomm y Arm, el jurado concluyó que Arm incumplió el acuerdo de licencia de arquitectura que la une a Qualcomm, pero fijó una indemnización total de solo 2 dólares. Para entender cómo se llega a una cifra así hay que volver a 2021 y a una distinción contractual que casi nunca sale del ámbito de los abogados de la industria de semiconductores.

Arm no fabrica la mayoría de los procesadores que usan su arquitectura; vive de licenciarla. Su acuerdo de licencia de tecnología, o TLA, permite a un fabricante usar diseños de núcleo ya hechos por Arm e integrarlos en su chip. El acuerdo de licencia de arquitectura, o ALA, va más allá: autoriza a diseñar microarquitecturas propias que implementan el conjunto de instrucciones de Arm, un camino reservado a quienes pueden invertir años en un núcleo a medida. Qualcomm tiene ambas licencias. También las tenía Nuvia, una startup fundada en 2019 por ingenieros procedentes de Apple que en septiembre de ese año firmó su propia ALA y su propia TLA con Arm para diseñar núcleos de servidor. En enero de 2021 Qualcomm anunció la compra de Nuvia por unos 1.400 millones de dólares y la cerró en marzo; de aquel equipo y aquella tecnología nacieron los núcleos Oryon que hoy llevan los Snapdragon.

Arm sostuvo desde el principio que la operación cedía las licencias de Nuvia sin su consentimiento. El 1 de febrero de 2022 comunicó a Nuvia y a Qualcomm que las daba por terminadas con efecto desde el 1 de marzo y les recordó la obligación de dejar de usar y destruir la tecnología desarrollada bajo ellas. Como Qualcomm siguió adelante con sus diseños, el 31 de agosto de 2022 Arm la demandó en Delaware junto con Nuvia y pidió el cumplimiento forzoso de esas obligaciones, que en su opinión alcanzaban a los núcleos Oryon. Qualcomm respondió que sus núcleos, incluida cualquier evolución de la tecnología de Nuvia, estaban cubiertos por su propia ALA. En abril de 2024 pasó a la ofensiva con una demanda separada en la que acusaba a Arm de incumplir esa ALA al no entregarle material al que estaba obligada. La tensión subió en octubre de 2024, cuando Arm le notificó un supuesto incumplimiento de la ALA de Qualcomm y le dio 60 días para corregirlo o afrontar la rescisión del contrato. Qualcomm amplió entonces su demanda para incluir ese intento de rescisión y su difusión pública.

El primer juicio, celebrado del 16 al 20 de diciembre de 2024, salió mal para Arm: el jurado concluyó que Qualcomm no había incumplido la ALA de Nuvia y que sus CPU con diseños heredados de Nuvia estaban cubiertas por la ALA de Qualcomm, aunque no alcanzó unanimidad sobre si Nuvia la había incumplido. El 8 de enero de 2025 Arm retiró la notificación de incumplimiento y dijo no tener planes de rescindir la licencia, aunque se reservó sus derechos. En junio Qualcomm llevó el pleito también a la TLA, con el argumento de que Arm no le ofrecía licencias a precios y condiciones comercialmente razonables. El 30 de septiembre de 2025 la jueza Maryellen Noreika dictó sentencia final a favor de Qualcomm y Nuvia, y al día siguiente Arm apeló ante el Tribunal de Apelaciones del Tercer Circuito. En enero de 2026 Qualcomm presentó una demanda casi idéntica contra Arm Ltd., que se acumuló a la anterior, y en marzo añadió una reclamación por no negociar ciertos términos de licencia de buena fe. El juicio quedó fijado para el 5 de octubre.

Esta vez la demandante era Qualcomm, y según el formulario de veredicto propuesto el jurado debía resolver cuatro frentes. El primero era si Arm retuvo entregables técnicos que la sección 5 de la ALA le obliga a proporcionar, en concreto los llamados OOB y ACK patches. El segundo, la cláusula de precios de la TLA: si Arm dejó de investigar cuál era su mejor acuerdo previo para tres núcleos de implementación, Hunter, Hayes y Yamin, si dejó de ofrecer a Qualcomm un precio dentro del 10 % de ese acuerdo y si excluyó el soporte y el mantenimiento de su oferta de 2024. El tercero era si Arm faltó a la buena fe contractual al no ofrecer condiciones razonables por tres bloques de propiedad intelectual periférica: el controlador de interrupciones GIC-700, la unidad de gestión de memoria MMU-700 y el analizador lógico ELA-600. El cuarto, si Arm interfirió, de forma intencional o negligente, en la relación económica de Qualcomm con Meta. Detrás de esa lista hay dos relatos opuestos. Qualcomm sostiene que Arm, tras perder la batalla por Nuvia, usó su posición de licenciante para entorpecer su negocio. Arm replica que cumplió sus contratos y que Qualcomm buscaba con el litigio privarla de miles de millones de dólares que le corresponden por sus licencias.

Según comunicados de Qualcomm y Arm, el jurado dio la razón a Qualcomm en dos reclamaciones, con 1 dólar de daños en cada una, y a Arm en las otras cuatro. El veredicto firmado por el jurado aún no es público; actualizaremos este artículo cuando lo sea. Qualcomm afirma que el jurado halló que Arm incumplió la ALA, no honró sus compromisos y actuó de forma intencional para perjudicar sus negocios, y enlaza el resultado con su victoria anterior. Arm subraya que el veredicto confirma que actuó de buena fe bajo la TLA y que una indemnización de 2 dólares demuestra la solidez de sus argumentos. Las dos lecturas pueden convivir porque se trata de daños nominales: el jurado reconoce un incumplimiento, pero no un perjuicio económico cuantificable.

Para Qualcomm, el fallo refuerza la posición de Oryon: al primer veredicto, que dio por buena la licencia de sus núcleos, se suma ahora la conclusión, según la propia Qualcomm, de que Arm incumplió esa misma ALA. El riesgo de fondo no desaparece mientras siga abierta la apelación de Arm en el Tercer Circuito, pero el historial judicial juega en contra de Arm. Arm, por su parte, sale con su modelo de negocio intacto donde más dinero mueve. Las reclamaciones sobre precios de la TLA eran las que podían condicionar cómo fija sus tarifas, y según Arm las ganó todas. Con 2 dólares de indemnización, el valor del fallo no está en el dinero sino en lo que declara sobre las obligaciones de Arm como licenciante de arquitectura. En nuestro análisis, una disputa tan larga entre Arm y uno de sus mayores licenciatarios es un incentivo para que los fabricantes con núcleos propios reduzcan su dependencia de un solo proveedor de arquitectura, y RISC-V, abierta y sin licenciante único, es la alternativa natural. Ni Qualcomm ni Arm han vinculado el veredicto con ese movimiento.

Fuentes